Encontrar al candidato adecuado para una posición específica se ha vuelto una tarea compleja que, en muchos casos, nada tiene que ver con la escasez de talento. Antes de pensar que aún no ha nacido quien pueda ocupar una vacante, conviene mirar hacia la propia organización. ¿Por qué? Porque en su intento por reducir el riesgo de una mala contratación, muchas empresas han ido acumulando requisitos hasta construir perfiles que pocas personas pueden cumplir en su totalidad.
Años de experiencia, especializaciones, certificaciones, dominio de herramientas, idiomas, liderazgo, capacidad de adaptación, etc. etc. etc. Así la lista sigue creciendo impulsada por una sola expectativa: incorporar a alguien que pueda generar resultados prácticamente desde el primer día.
Diferentes investigaciones en gestión del talento han demostrado que la experiencia previa, por sí sola, tiene un poder limitado para predecir el desempeño futuro de una persona; al mismo tiempo señalan que las capacidades de aprendizaje y adaptación adquieren cada vez mayor relevancia. Lo que esto realmente significa es que, en un proceso de selección, 𝗹𝗮 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗿𝗲𝗱𝘂𝗰𝗲 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝗰𝗲𝗿𝘁𝗶𝗱𝘂𝗺𝗯𝗿𝗲 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗻𝗼 𝗴𝗮𝗿𝗮𝗻𝘁𝗶𝘇𝗮 𝗲𝗹 𝗱𝗲𝘀𝗲𝗺𝗽𝗲𝗻̃𝗼.
Quizá el reto ya no sea seguir acumulando requisitos, sino aprender a identificar a quienes tienen la capacidad de aprender, adaptarse y generar resultados en menos tiempo. Este cambio de enfoque podría ampliar las posibilidades de encontrar al candidato adecuado en menos tiempo sin renunciar a los estándares que exige el puesto.
Toda incorporación implica una curva de aprendizaje, incluso cuando la persona contratada tiene amplia experiencia. El conocimiento técnico puede venir con el candidato, pero la forma de aplicarlo siempre depende del contexto al que se incorpora. El proceso de selección puede ayudar a identificar quién tiene mayor capacidad para aprender y adaptarse, pero nunca sustituirá el aprendizaje que ocurre una vez que la persona se incorpora.
Paradójicamente, mientras más se intenta eliminar la curva de aprendizaje desde el proceso de selección, más se prolongan las contrataciones, pues el universo de candidatos se reduce, las vacantes permanecen abiertas por más tiempo y la incorporación del talento que sí podría generar resultados termina retrasándose.
Al final, cuanto más se intenta eliminar la incertidumbre de una contratación, mayor es el riesgo de dejar ir a quienes pueden aprender, adaptarse y generar los resultados que la organización necesita.





